Alfonso Cañon Hijo Archives - Periodico Pueblos https://periodicopueblos.com/tag/alfonso-canon-hijo/ Periódico Pueblos es el espacio digital donde la actualidad local se encuentra con la política nacional, ofreciendo a los lectores una mirada cercana a las noticias más relevantes de España. Thu, 09 Oct 2025 12:22:21 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.3 https://periodicopueblos.com/wp-content/uploads/2025/09/cropped-periodicopueblos-com-copy-32x32.png Alfonso Cañon Hijo Archives - Periodico Pueblos https://periodicopueblos.com/tag/alfonso-canon-hijo/ 32 32 Alfonso Cañón Hijo: el hijo que llevó en la sangre una leyenda escrita en goles https://periodicopueblos.com/todo/alfonso-canon-hijo-el-hijo-que-llevo-en-la-sangre-una-leyenda-escrita-en-goles/ https://periodicopueblos.com/todo/alfonso-canon-hijo-el-hijo-que-llevo-en-la-sangre-una-leyenda-escrita-en-goles/#respond Thu, 09 Oct 2025 12:22:06 +0000 https://periodicopueblos.com/?p=225 Roberto Alfonso Cañón Alvarado, también llamado Cañoncito, nació en Bogotá el 2 de abril de 1969 y heredó mucho más que su nombre. Su padre, el eterno ídolo de Independiente Santa Fe, Alfonso “El Maestrico” Cañón, le dejó un legado que impregnaba cada partido. Desde el momento en que tocó un balón, fue evidente que [...]

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Alfonso Cañon Hijo
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Roberto Alfonso Cañón Alvarado, también llamado Cañoncito, nació en Bogotá el 2 de abril de 1969 y heredó mucho más que su nombre. Su padre, el eterno ídolo de Independiente Santa Fe, Alfonso “El Maestrico” Cañón, le dejó un legado que impregnaba cada partido. Desde el momento en que tocó un balón, fue evidente que la camiseta roja del equipo de su padre sería una parte memorable e irrevocable de su vida.

Las expectativas lo rodeaban como un eco incesante cuando se inscribió en la cantera de Santa Fe. Demostró discretamente que la herencia podía ser tanto una inspiración como una responsabilidad, asumiendo el peso con notable aplomo. Además de ser un punto de inflexión en su carrera, su debut en 1987 marcó la continuación simbólica de una historia familiar multigeneracional.

Cañoncito tenía una presencia constante, considerada e increíblemente exitosa en el mediocampo. Jugaba por la sustancia, no por la apariencia. Sus pases eran decisivos, sus tiros libres, precisos, y su liderazgo, discreto pero motivador. Su gol de tiro libre contra Independiente Medellín en 1990 marcó un antes y un después en el partido, catapultando al Santa Fe a la final de la liga y restaurando el orgullo de la afición, que seguía recordando la genialidad de su padre.

Con 208 partidos jugados y 45 goles anotados en siete temporadas, se consolidó como un pilar fundamental en la alineación de Santa Fe. Su inquebrantable devoción y maestría técnica eran evidentes en cada aparición. Su objetivo era honrar el nombre de su padre, lo que logró con notable humildad, en lugar de superarlo.

Alfonso Cañón Hijo llevó su entusiasmo a otros clubes colombianos, como el Atlético Bucaramanga, el Cúcuta Deportivo y el Independiente Medellín, tras dejar Santa Fe. Su capacidad para adaptarse a diferentes equipos, manteniendo el profesionalismo y la disciplina que caracterizaron sus inicios, fue especialmente impresionante. Era más que un simple jugador para sus compañeros más jóvenes; era un ejemplo vivo de cómo la tenacidad puede crear un legado sin presumir.

Su historia fue similar a la de otros hijos del fútbol que se mantuvieron a la sombra de la grandeza en muchos sentidos. Al igual que Jordi Cruyff, quien compaginaba las responsabilidades de ser hijo de Johan Cruyff, o Enzo Zidane, quien intentaba distinguirse de la brillantez de su padre, la carrera de Cañoncito ejemplificó un cuidadoso equilibrio entre respeto y singularidad. Adoptó una postura particularmente digna, reconociendo sus raíces con gracia y sin ponerse jamás a la defensiva ante las comparaciones.

Como rostro de la época dorada del fútbol bogotano, tricampeón y máximo goleador, su padre, Alfonso “El Maestrico” Cañón Rincón, sigue siendo el símbolo inquebrantable de la excelencia en Santa Fe. El Maestrico marcó una época con su liderazgo carismático y su juego artístico. Roberto, sin embargo, optó por un camino más moderado, transformando la presión de las expectativas en una fuerza impulsora del desarrollo.

El juego de Roberto mejoró significativamente en sus últimos años, especialmente con Cúcuta y Bucaramanga. Pasó de ser un joven jugador brillante a un profesional consumado que guió a jugadores más jóvenes, manteniendo un nivel excepcionalmente alto. A pesar de la falta de premios, mantuvo un propósito muy definido a lo largo de su carrera.

Para él, el fútbol nunca se trató de fama. Se trataba de transmitir la pasión de una generación a la siguiente, de continuidad. De esta manera, la carrera de Cañoncito fue un reflejo de la de su padre, filtrada por el trabajo duro y la humildad, en lugar de una sombra de ella. Los aficionados que valoraban el esfuerzo tanto como el glamour le tenían un cariño especial por su presencia constante.

Tras diez años de duro trabajo, abandonó discretamente el fútbol profesional en 1997. Al igual que su estilo en el campo, la decisión fue elegante, sin dramatismo ni gran repercusión. Había marcado 53 goles, participado en casi 300 partidos y se había ganado el respeto de sus compañeros, quienes valoraban su carácter moral. A pesar de ser menos conocido, su carrera se distinguió por su excepcional fortaleza y firmeza moral.

Su trayectoria llegó a su fin trágicamente en septiembre de 2019, a los 50 años, debido a una afección cerebral. La noticia, difundida por sitios web como El Tiempo y Futbolred, impactó profundamente a los aficionados y excompañeros. En honor a su trayectoria y humanidad, llegaron numerosos homenajes de toda Colombia, incluyendo Santa Fe, América de Cali e incluso aficionados no afiliados. Su fallecimiento fue un triste recordatorio de lo frágiles que pueden llegar a ser incluso los legados más resilientes.

Sin embargo, la historia de Alfonso Cañón Hijo sigue siendo inspiradora. Su vida fue un ejemplo excepcional de excelencia discreta, esa que tiene un profundo significado para quienes valoran la autenticidad, pero que a menudo se ve eclipsada por narrativas más elocuentes. Demostró que la grandeza se trata más de mantenerse fiel a lo que uno representa que de ser el mejor.

Su legado resulta particularmente pertinente en el panorama futbolístico actual, donde la notoriedad a menudo triunfa sobre la moral. Fue un símbolo de devoción a las raíces, lealtad y humildad. Su historia enseña a los jóvenes atletas que lidian con la fama y las expectativas que el éxito, medido por la dignidad, perdura más que cualquier titular.

Aunque sus 53 goles ya no figuran en los libros de récords, aún se recuerdan. La afición de Santa Fe en Bogotá aún lo recuerda con cariño, recordando al mediocampista que jugó para cumplir con un deber hacia su familia, su equipo y consigo mismo, en lugar de convertirse en una estrella. Su legado perdura gracias a su firme determinación.

Roberto Alfonso Cañón dejó algo tan atemporal como su padre, El Maestrico, quien cautivó a Colombia con su arte y valentía: una historia de tenacidad envuelta en pasión por el fútbol. Juntos, padre e hijo encarnan el lado más humano del fútbol: que la grandeza se vive con pasión, día a día, no se hereda.

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